Sobre la pancita del sapo un tratado por anfibio y cantor un libraco que explique por qué se infla y croa si en la oscuridad se pierde una noche yo también me perdí era en auto con un amigo y ese perro cruzando la ruta la línea la vida la oscuridad inmensa y nosotros con él un golpe la parálisis buscarlo y no encontrar más que la noche ese silencio hecho de zanjas donde cabe la muerte y al regresar qué sin cuerpo y con la certeza algo había cambiado la noche era la misma seguía en silencio hasta que se nos hizo un rezo la despedida tal vez otra forma de pedir perdón y en la negrura miles de pancitas de sapos -únicos testigos de esa tristeza- largaron a croar
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Mostrando las entradas de noviembre, 2018
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sigue a la vuelta como una moneda una alfombra un irse sigue lo que necesitaba a la vuelta de la casa: la cruz, un irse el uno y el otro, siguen dando vueltas hasta necesitarse de otro modo que no es moneda ni alfombra ni irse de vuelta un necesitar para volver hasta devolverse vomitarse a sí mismo dar con ese ser erosionado que las entrañas se tragaron
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la bolsa de nylon ya no se usa pasó de moda no es sustentable como las cartas notas confusas de amor desvelos hoy son del aire el viento todo arrastra sin prisa bolsas papeles tu amor los naipes mientras te escribo busco consuelo trazo caminos dibujo azares quiera el destino que esta voz tibia detenga al viento con sus desmanes para que quieta en tus oídos se haga susurro dulzor cantares
escarcha
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Escarcha está llena de mañana, de sueño, de vidrio que durmió a la intemperie. Cuando niña me impresionaba la vendedora de fósforos. Era un cuento lleno de escarcha. Esa escarcha no era poética, porque la poesía no le rodea los pies descalzos a una niña mientras ella intenta encender el único fósforo que le queda para soportar la noche.