por ser indecible no le encuentro título
cansada de entregar mi cuerpo a la rutina de una prostituta inteligente y tierna despierto del suicidio del deseo viendo el rostro de mi sexo ahorcado por un nudo perfecto que a los dieciocho ultrajaba los sueños, y entonces, dios era una estatuilla a la que mi abuela alabó y todo era lejano en la habitación que vi desde la ruta tantas veces y a la que no volveré /porque ella está/ claro que está, pero envuelta en papel madera con moho verdinegro, con las bolsas de coca sobre la cama, con la luz encendida (como esa vez)/ y todo tan oscuro/ tan inexplicable que ya lo veo: un cadáver con expresión de haber necesitado romper, caerse, estarse fuera y, desde allí, verme: soltar, nadar libre en este mar confuso y encontrarte vendaval, nieblas en que emergen dos manchas y lo que el lenguaje no podrá decir de esto porque sería condenarlo lo que la palabra se pierde por no latir o sea, denuncio la inutilidad verborrágica y su lógica explicativa/ o sea, lo que quiero decir empieza justo cuando a...