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Saudade

en esta hora lejos de la que podría haber sido fiel lejos de la sombra de una dama lejos del amor cuidado por otros sentimientos extraños a estos ojos invaden el rostro y llevan al lugar en que no sabe y no intenta ser el deseo ajeno que enajena la lengua que relame un gusto desconocido la mano que busca la cueva en el cuerpo el pie que se retuerce en el roce espontáneo el cuerpo sumergido tomado poseído ¿qué forma tomaría la palabra de este instante? ¿con qué gesto completarla? ¿en qué tono pronunciarla? ¿a qué distancia del otro? ¿hacia dónde mirar mientras se escurre? y después ¿qué hacer con lo que ya no puede callarse?

El baile de Duns Escoto

No sabemos donde nació Duns Escoto, esto no quiere decir que haya sido un bastardo, algunos afirman que era irlandés. De algo estamos seguros: murió, y en un alarde de precisión diremos que lo hizo el 8 de noviembre de 1308. Duns Escoto escribió comentarios, algo que no lo hace muy distinto del resto de nosotros. En ellos explicaba, dibujaba y desdibujaba conceptos antiguos como la materia y el individuo, y fue derivando en extensas peroratas justificadas (como todo pensamiento filosófico que se precie) por el uso asiduo del latín. Unos años antes que él, Santo Tomás ya había hablado a más no poder sobre dios… ¿Cuánto más Tomás? –se dice que replicaban sus contemporáneos. Pero Duns Escoto vino con su macana de las distinctio formalis y la cosa se puso tan complicada como cortarse las uñas de los pies con los brazos atados, o como querer morderse el codo sin amputarse el brazo. A ella no le gustaban mis dichos criollos, menos el latín y la materia. Podría decirse que compartíamos solo u...

Los años maravillosos de la Intifada

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El otro viaje

Desde la muerte/ la dictadura de la voz llenó de mujeres otros lugares/ ajenas: dormían en cuartos cerrados, variaban las horas/ ya no hablabande vos / y sin embargo creían/ aunque no hubiera motivos/aunque todas las mañanas eran igualmente húmedas y el olor a harina de pescado calaba los huesos/ Mientras la niña jugaba, en su casa, veía, la extraña, con ojos absortos/ esa mujer, como un punto negro, extraviada en el tiempo, sombra en el espacio/ hueco que dejaría en el cuarto, en los pasillos, donde caminaré mañana, en la escalera que crujirá cuando suba a buscarte/ esa mujer /la otra/ este viaje que no es el mismo / y el ímprobo olvido insistiendo/ en esta piel, en otras causas/ en el azar haciéndome a tí (Buenos Aires, 2003)

oid morales!

Oid morales! los gritos leves de la raíz la mandrágora está por parir/ antes/ en un tiempo pasiones ocultas/ violencia/ sangre/ lava eterna fisuras/ grietas en la carne las muñecas rotas en nombre de dios abandonados a lo que resta vienen al mundo insatisfechos se preguntan: cuánto hace que no? ¿la calma? ¿dónde? sólo un cuento chino/ el que huye en su verborragia nunca dará contra las piedras del alma

Lo que no sé: Filosofía y Stand-Up Comedy

Siglo V a.C. Vivía entonces Empédocles de Agrigento: bullicioso, lenguaraz, patéticamente inofensivo. Empédocles cultivaba la altiva razón, tímida aún y sin grandes demostraciones públicas de vanidad. Hablaba de cuatro elementos que conformaban la totalidad de lo existente moviendo graciosamente los brazos -causaba algarabía en el mercado y en la plaza- los niños corrían a su alrededor jalando su túnica blanca, los viejos reían y mostraban el pan masticado con sus encías: negro y grumoso. Empédocles sedujo a algunos que buscaban la sorpresa y se volvió famoso y más lenguaraz, la gente los veía conversar en grandes círculos y dar exclamaciones de pasmo que a cierta distancia parecían ligeramente fingidas. Empédocles No sabía que Hölderlin escribiría sobre su muerte pero sin duda le habría parecido natural, quizá necesario. Empédocles llego a la conclusión, bastante razonable, de que era inmortal y decidió probarlo ante la ciudad, tras una convocatoria y consiguiente procesión animada po...

Lola Thorne (poeta peruana perdida en san marcos)

Un olor cubre la ciudad en estos días/ y no es la harina de pescado/ llena los ojos de entusiasmos inéditos y da contra el sol como los colibríes se empecina en reclinar las horas hasta el momento de tu llegada/ es el aroma que devuelve en la vía/ también las historias que nos hicieron estas marcas/ lo que otros llaman memoria no es más que el tiempo de tu ausencia en este cuerpo /ocasionalmente/ mío (Lima, 1978)